Científicos analizaron las predicciones de 36 modelos climáticos y demostraron que el calentamiento del agua de mar provocado por el cambio climático, ralentizará la circulación profunda en los océanos Atlántico y Austral.

De acuerdo con la investigación, la corriente atlántica principal -que es la corriente del Golfo-, disminuirá en un 42% para el año 2100, y para el 2300 podría detenerse por completo.

En el Atlántico, el agua caliente fluye hacia el norte por la superficie, se enfría y se evapora, haciéndose más salada y densa. Esta agua más pesada se hunde en las profundidades oceánicas y se dirige hacia el sur, donde acaba remontando, transportando desde las profundidades los nutrientes que constituyen la base alimenticia de los ecosistemas marinos.

Además, esto perjudica al objetivo de reducir la huella de carbono ya que la circulación oceánica que se extiende por todo el planeta crea una poderosa fábrica para el procesamiento del dióxido de carbono atmosférico.