El estado de Shan, ubicado río abajo de las explotaciones mineras, es víctima de esta práctica que comenzó en la zona en 2007 y aumentó desde el golpe de estado en el país en 2021.

Desde que una docena de empresas empezaron a extraer oro, la población local se ha visto obligada, cada vez más, a hacer frente a inundaciones, sedimentos tóxicos y agua contaminada.

Según la Fundación Shan de Derechos Humanos, durante este tiempo se han concedido al menos 20 permisos de extracción de oro a empresas en la zona, varios de los cuales están vinculados a personal militar. En el municipio viven las etnias Shan, Lahu y Akha.

Como los bosques de las colinas de Loi Kham fueron arrancados para dar paso a la minería a gran escala, se provocó la erosión masiva del suelo, por lo que cada temporada de lluvias el lodo desciende hasta las viviendas y los terrenos. Además, afirman que la minería de oro vierte residuos en el arroyo Nam Kham; así que, cuando crece, vierte esos residuos en sus tierras de labranza, volviéndolas infértiles.

De este modo, ya no se puede cultivar ni pescar, y debe utilizarse agua potable embotellada para beber, y agua fangosa para cocinar y lavarse.