Un grupo de científicos del Conicet y de la Universidad de Mar del Plata busca reducir hasta en un 80 % la toxicidad de los agroquímicos por medio del exoesqueleto de los langostinos, también conocido como “cáscara” del animal, que desecha la industria pesquera.

Claudia Casalongue, integrante del Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB), expresó que para este estudio buscaron aprovechar esta parte del cuerpo por ser fuente de bioestimulantes, como la quitina y el quitosano.

Este último posee características antimicrobianas, antifúngicas y antivirales.

Daniela Caprile, investigadora involucrada en el proyecto, destacó que la recuperación de biomasa de los residuos es algo muy importante, a causa de la gran cantidad que genera la industria de langostinos.

De esta forma, apuntan a cubrir las demandas de las nuevas regulaciones ambientales que buscan prohibir los pesticidas que todavía no tienen reemplazo. Al mismo tiempo, contribuyen a la acción climática y alimentan a la población mundial de manera sostenible.