Si funcionan con normalidad durante toda su vida útil, las centrales eléctricas, fábricas y vehículos y los edificios ya construidos que utilizan combustibles fósiles calentarán la Tierra por encima de la meta del Acuerdo de París de 1,5 °C, según concluye un nuevo estudio.

 

Las implicaciones son sobrecogedoras: para limitar el calentamiento a 1,5 °C, no solo no se deberían construir nuevas infraestructuras de combustibles fósiles nunca más, sino que deberían cerrarse algunas centrales eléctricas. Sin embargo, están construyéndose o planificándose muchas centrales eléctricas nuevas.

 

Han analizado las emisiones de las infraestructuras de electricidad, energía, transporte, residenciales y comerciales a partir de 2018. A continuación, estimaron las emisiones futuras totales de CO2 que emitirían dichas estructuras y dispositivos, basándose en el número medio de años que estarían operativos.

 

Una central de carbón nueva construida hoy, por ejemplo, emitirá millones de toneladas de CO2 cada año durante su vida útil de 40 años. Un coche nuevo que emita cuatro toneladas de CO2 al año emitirá 60 toneladas de carbono durante una vida útil de 15 años. Aunque los bosques y los océanos absorben parte de ese CO2, la mayor parte permanecerá en la atmósfera, donde atrapará calor durante cientos de años, a no ser que se desarrollen tecnologías para reabsorberlo.

 

Aunque Estados Unidos es el responsable de una parte del carbono ya emitido a la atmósfera superior a la de cualquier otro país, China es el país que más carbono emitirá en el futuro, casi un 41 por ciento del total. Estados Unidos y la India representan el 9 por ciento de las emisiones futuras, y la Unión Europea, el 7 por ciento. El motivo es que la economía china ha crecido tan rápidamente y hace tan poco que sus centrales eléctricas y fábricas son recientes y tienen una larga vida útil por delante. Según el estudio, en China la central eléctrica de carbón media tiene solo 11 años, mientras que la edad media de las centrales estadounidenses es de casi 40 años.

 

Como el estudio no incluye todas las fuentes de emisiones de CO2, sus proyecciones del peligro que plantearán las emisiones futuras podrían considerarse conservadoras, no alarmistas.

 

No se incluyen las emisiones de la agricultura, la deforestación y otros cambios en el uso de tierras, que representan casi el 24 por ciento del total de emisiones actuales. Tampoco se incluyen las considerables emisiones procedentes la extracción de los combustibles fósiles. Por ejemplo, extraer petróleo de las arenas bituminosas de Canadá requiere la quema de casi un tercio de la producción de gas natural del país.

 

Las centrales eléctricas y la industria representan el 75 por ciento de las emisiones futuras, pero solo el 20 por ciento de los activos financieros en la infraestructura global de quema de combustibles fósiles. El estudio concluye que la retirada temprana de estas instalaciones sería la solución más rentable. Sin embargo, es posible que la mejor medida que se puede tomar desde una perspectiva climática, o la más rentable, no sea factible políticamente.

 

Fuente, National Geographic