Un estudio publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)’ ha desvelado posibles impulsores de la acumulación de cambios bruscos en los ecosistemas de zonas áridas del planeta como consecuencia del cambio global.
Las tierras secas son el hogar de 2.100 millones de personas y albergan parte de la biodiversidad más rara del mundo. La protección de estos ecosistemas críticos requiere comprender cómo los seres humanos impactan el tiempo de recuperación y respuesta de estos ecosistemas. Además, a nivel mundial, las zonas áridas son muy sensibles a los cambios ecológicos derivados del cambio global.
Las investigaciones muestran que el 50 % de los ecosistemas áridos que han exhibido cambios en su productividad los últimos veinte años lo han hecho de forma abrupta. Además, la prevalencia de estos cambios pone de manifiesto la preocupación por la pérdida de resiliencia de estos ecosistemas de una forma súbita.
Gracias al uso de algoritmos de inteligencia artificial, el equipo de investigadores pudo estudiar 40.000 ecosistemas naturales de tierras secas de todo el mundo para caracterizar cómo el cambio climático y los factores antropogénicos afectan a la incidencia de estos cambios abruptos en las tierras secas del mundo.
El equipo fue capaz de desvelar los posibles impulsores de la acumulación de cambios bruscos. “Desvelar estos mecanismos que propician cambios abruptos en los ecosistemas nos ayuda a cimentar las bases para preservar y restaurar los ecosistemas que tenemos y salvaguardarlos para el futuro”, dice Tom Crowther, coautor del estudio.
El equipo encontró que los ecosistemas con una mayor estacionalidad de las precipitaciones suelen presentar más cambios bruscos negativos, es decir, que pasan de ser ecosistemas verdes a marrones más frecuentemente. Por el contrario, una menor estacionalidad de las precipitaciones se asoció a cambios bruscos positivos, (el paisaje pasó de forma rápida de marrón a verde).
Pero además del importante rol de la estacionalidad, la investigación destaca que la presencia humana puede impedir la rápida recuperación de la vegetación en las tierras secas, lo que hace que los ecosistemas de estas zonas sean menos resistentes.
Con información de Ambientum