Con el objetivo de ampliar el aprovechamiento de la cáscara de girasol, investigadores del INTA y del Conicet reutilizaron los residuos que generan las aceiteras ubicadas en el puerto de Bahía Blanca para el cultivo de hongos de especialidad y obtuvieron resultados productivos positivos. Luego, decidieron procesar el sustrato degradado por los hongos y lo transformaron en biofertilizante, un producto innovador recomendado para la fertilización en horticultura.

 

Para llevar a cabo esta experiencia, el equipo de investigadores puso en aplicación el concepto de cadena de reciclaje de residuos agroindustriales, cuyo eje central apunta al reaprovechamiento de los residuos orgánicos a fin de que los nutrientes extraídos sean recuperados y reintroducidos en el ciclo de producción.

 

Fuente, INTA informa