El carbono negro (también conocido como hollín) es es el resultado de las combustiones incompletas y, hoy en día, llega a representar el 42% del impacto climático total del sector espacial. Esta contaminación es derivada del lanzamiento de satélites que se lanzan en masa al espacio desde 2019, se acumula en la atmósfera superior.

La presencia de hollín en la atmósfera

La preocupación de los expertos es que su estadía en la atmósfera superior es mayor que las procedentes de fuentes terrestres, lo que significa un impacto 500 veces mayor sobre el clima que las mismas. Así los sugieren los datos recopilados de lanzamientos de cohetes y despliegues de satélites entre 2020 y 2022

Estiman que para el 2029 la contaminación de hollín acumulada tendrá un efecto similar al de las técnicas de geoingeniería propuestas para enfriar el planeta. Según Eloise Marais, geógrafa del University College: “Actualmente, el impacto de estos contaminantes en la atmósfera es relativamente pequeño, por lo que aún tenemos la oportunidad de actuar a tiempo antes de que se convierta en un problema más grave y difícil de revertir o reparar”.

Expertos temen por el exceso de hollín en la atmósfera.
Expertos temen por el exceso de hollín en la atmósfera.

Las megaconstelaciones en el espacio

En estos momentos, el sistema1 Starlink de SpaceX (propiedad del multimillonario Elon Musk) es la megaconstelación más conocida, que cuenta con casi 12.000 satélites en órbita hasta la fecha, aunque los sistemas rivales también han desplegado cientos de satélites adicionales.

En la actualidad, la búsqueda de la industria espacial por nuevas constelaciones y ampliar las existentes llevó a que los lanzamientos anuales de cohetes casi se tripliquen, llevando de 114 en 2020 a 329 en 2025.