Hace dos años la Amazonía atravesó una temporada de incendios forestales que, según mediciones recientes, arrojaron emisiones de carbono hasta tres veces superiores a los cálculos anteriormente realizados por modelos avanzados.
El hallazgo se dio tras una investigación internacional y gracias a observaciones satelitales con las que lograron dimensionar la magnitud real de la crisis.
Los incendios en la Amazonía
El estudio, publicado en la revista Geophysical Research Letters, indaga sobre la contaminación propiciada por el fuego en la Amazonía y el Cerrado durante una de las igniciones más intensas de las últimas décadas. A través de las imágenes obtenidas por el instrumento Tropomi del satélite Sentinel-5P, se logró medir cuánto monóxido de carbono se liberó y así calcular el total de carbono que llegó a la atmósfera.
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Este proceso, reveló que en 2024 se produjeron entre 28 y 62 millones de toneladas de monóxido de carbono en sólo dos meses: agosto y septiembre. El mayor volumen se corresponde a los incendios de sotobosque, es decir, los fuegos que consumen la vegetación baja que crece bajo los árboles de la selva.

Las respuestas del Gobierno de Brasil
En este contexto, y con el fin de proteger la Amazonía, el gobierno de Brasil subastó por primera vez terrenos públicos para reforestar distintas partes de la selva tropical.
En esa subasta, se le entregaron 58.700 hectáreas —por los próximos 40 años— en la reserva de Bom Futuro a la empresa emergente Re.green. Frente a esta posibilidad, la compañía ofreció una comisión del 0,7% de los ingresos provenientes de la venta de créditos de carbono, que se estima podrían alcanzar 2 millones de dólares anuales.