Una investigación a cargo de los estudiantes de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA reveló que inhalar el aire urbano produce efectos nocivos en distintos órganos, no sólo en los pulmones, sino también en el corazón y el cerebro.

El análisis consistió en instalar dispositivos que toman el aire de la calle y lo dirigen a cámaras de exposición, en el edificio ubicado en la calle Uriburu.

Entre los contaminantes detectados que más preocupan son el monóxido de carbono, el ozono, el dióxido de nitrógeno y el dióxido de azufre.

Pablo Evelson, decano de esa Facultad, señaló que el principal componente de este aire que afecta la salud es lo que se denomina “material particulado”, que son unas pequeñas partículas que se encuentran en suspensión y que son producto de la combustión fósil, principalmente del parque automotor.

Explica que lo que se observa en los casos analizados es que hay primero un efecto en los pulmones, porque son los órganos que los reciben. “Pero allí se genera una respuesta fisiopatológica que repercute en otros órganos”.

El asbesto otro mal que se encuentra en la ciudad

Aunque el asbesto ha sido considerado un material idóneo para conservar la temperatura y aislar el ruido, no todo son beneficios. En un comienzo era escogido por su propiedades que incluían una alta resistencia, sin embargo, tras años de investigación descubrieron que es cancerígeno.

Luego de años siendo implementados en construcciones como las del subte B, la desasbestización es todo un desafío. Es que se ha utilizado de forma masiva desde tiempos de Carlomagno, más aún en la época de la Revolución Industrial.

Recientemente, se presentó un informe realizado por la Secretaría de Metrodelegados, debido a la presencia de asbesto en el subte, en estos momentos, 2.150 trabajadores se encuentran bajo vigilancia médica, 86 padecen enfermedades pulmonares, seis tienen cáncer y 3 fallecieron.