Un grupo de científicos planea restaurar bosques de algas gigantes en la bahía de Monterey, en el norte de California, a través de la reintroducción de nutrias marinas y la remoción manual de erizos de mar.
Detallan que entre 2014 y 2020 el volumen de algas en la región cayó un 72 %, mientras que en otras áreas aledañas la pérdida superó el 95 %, según los datos proporcionados por el Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Fund).
El impacto de las nutrias gigantes
Frente a esta problemática, los expertos decidieron introducir nutrias marinas al ecosistema para lograr un control eficaz de los erizos y dar lugar a una regeneración de la vegetación submarina. Explican que esta especie -que actúa como depredadora natural– es capaz de restablecer la estructura y biodiversidad de los bosques, lo que resulta esencial para el bienestar del entorno marino.
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Respecto a dicho hábitat, se caracteriza por ser refugio para peces, crustáceos, mamíferos marinos y aves. Además, desempeña un papel esencial en la captación de carbono, la regulación térmica y la defensa de la línea costera contra la erosión. Sus algas logran alcanzar los 30 metros de longitud y conforman estructuras tridimensionales donde prospera la vida marina.
En el pasado, con la reducción de depredadores como las nutrias, se propició la expansión de los erizos, lo que alteró el equilibrio ecológico. Ante este escenario, el entorno se transformó, dejando espacios repletos de biodiversidad en zonas desprovistas de vegetación submarina.
La importancia de este ecosistema
Según los estudios del Cooperative Institute for Research in Environmental Sciences (CIRES) de la University of Colorado Boulder, la aparición de las nutrias se traduce en mayor densidad de algas y la prosperidad del hábitat.

Sin embargo, los investigadores indican que su reintroducción constituye sólo una parte de la solución ya que la recuperación completa de estos ecosistemas depende de la interacción entre especies y de factores locales.
En ese sentido, proponen una estrategia integral que contemple la conservación de todas las especies clave, junto con la mitigación del cambio climático y la regulación de las actividades humanas. Insisten en que únicamente un abordaje coordinado de esta problemática, puede recuperar la estabilidad de los bosques de algas gigantes que son considerados por la comunidad científica como los pulmones del océano.