Estos animales que habían sido vistos por última vez en Argentina hace más de un siglo y medio, consolidaron su regreso al país en un proceso iniciado en 2015, a través de un proyecto de reintroducción de la Fundación Rewilding Argentina en Corrientes. Considerados «cruciales» para la conformación de selvas por su contribución a la dispersión de semillas, los guacamayos debieron ser entrenados para volar y enseñados a alimentarse con frutos nativos.
El origen de los guacamayos que llegan a Corrientes para su recuperación es diverso, algunos provienen de Ecoparque, otros de Temaikén y algunos son producto de incautaciones por tráfico o tenencia de fauna silvestre. Todas estas aves padecían la misma realidad: el cautiverio.
Por carecer de libertad, no estaban aptos para volar. Pichones, adultos o con las plumas cortadas, que en muchos casos fueron injertadas, tuvieron que atravesar un entrenamiento de vuelo durante meses, para «enfrentar» la vida silvestre.
¿Qué son los esteros del Iberá y por qué reintroducen especies allí?
Hablamos de un extenso humedal que abarca unos 12 000 km², en la provincia de Corrientes, en el nordeste de Argentina, solo superado en extensión por el Pantanal (brasileño, boliviano y paraguayo) con el cual conforma el segundo humedal más grande del mundo.
Forma parte de un sistema hidrográfico mucho más extenso: el macrosistema del Iberá, de cerca de 45 000 km², en el que se desarrolla un ecosistema subtropical y tropical de enorme diversidad.
Debido a su peculiar geografía y difícil acceso, la zona cuenta con una rica y variada población animal. La fauna autóctona incluye numerosas especies amenazadas para las cuales este es uno de los últimos hábitats remanentes; entre ellas, el ciervo de los pantanos, el venado de las pampas, el aguará guazú , los monos aulladores (o carayás), así como una enorme variedad de aves como el pirincho entre tantas muchas otras.
La exuberante flora local incluye numerosas especies acuáticas como el camalote, y amapolas de agua, además de extensos pirizales.
Pese a ubicarse en zonas subtropicales, el clima del Iberá es netamente tropical debido a la elevada humedad atmosférica que retiene el calor solar en este ambiente. El invierno es relativamente seco (relativamente, ya que la humedad es perenne), con temperaturas mínimas que llegan a 5 °C, y fuertes precipitaciones durante el otoño y la primavera.