Se trata del primer bote impulsado por energía solar que recorre la cuenca del Amazonas. Su viaje inicial fue un recorrido de 1800 kilómetros. El bote, llamado Kara Solar, no está hecho de madera, sino que fue construido con fibra de vidrio para no tener que deforestar, una de las claves de la iniciativa.
El proyecto de y surge ya que las carreteras no suelen llegar a la selva para conectar a los pueblos con hospitales y escuelas (como sus promotores dicen), sino para introducir industrias extractivas como el petróleo y la madera, que están arrasando con el mayor bosque tropical del planeta: la Amazonia, hogar de unas doscientas cincuenta etnias, lo que la convierte en la región del mundo con mayor número de grupos indígenas en aislamiento.
Desde la época de El Dorado Occidente ha visto a la Amazonia como una fuente de riqueza a ser extraída. Un estudio de la Amazon Conservation Association publicado en 2015 estima que más de setecientas mil hectáreas amazónicas están cubiertas por bloques petroleros y gasíferos. Para acceder a ellos, compañías petroleras de todo el mundo, con la venia de los gobiernos de países como Brasil, Perú, Colombia y Ecuador, se han dedicado durante décadas a construir carreteras en la Amazonia.
Sacar el crudo, el oro, el uranio o el gas implica deforestar: no sólo en los lugares donde están los yacimientos, sino para abrir espacios que hacen posible entrar y salir de ellos.
El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha advertido que cada minuto de cada día tres hectáreas de bosque son taladas en la Amazonia para hacer vías. Unas vías que, antes o después, serán publicitadas como un emblema de “progreso” en las ciudades, y que en muchas comunidades amazónicas se traducirán en la destrucción del hábitat y la llegada de prácticas y costumbres ajenas a la cultura de los pueblos amazónicos como el alcohol, el juego y la prostitución. La selva se ha convertido, asimismo, en un territorio de contrabandos y bandoleros: de la madera, del petróleo, del tráfico de migrantes.
A diferencia de otros sistemas eléctricos de transporte fluvial en la Amazonia, Tapiatpia no depende de estaciones de recarga: su techo de paneles solares le da autonomía de viaje incluso en la noche, cuando sus doce baterías pueden hacer funcionar a la embarcación entre tres y seis horas según la potencia a la que se someta el motor.
Fuente: New York Times