Científicos de la Universidad de Utrecht presentaron ante la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias un nuevo hallazgo. Éste revela que hace aproximadamente 56 millones de años hubo un aumento repentino de dióxido de carbono en la atmósfera. Dicho evento habría desencadenado una serie de incendios forestales y la pérdida masiva de vegetación.
El dióxido de carbono en la Tierra
El episodio, denominado “Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno”, representó una alteración profunda y veloz en los ecosistemas que se extendió durante unos 300 años, propiciando la erosión continental. Consideran que este es un precedente relevante, ya que con él se pueden estudiar las reacciones del planeta ante el cambio climático.
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Para dar con estos resultados, los expertos analizaron sedimentos extraídos del fondo marino del mar de Noruega. Las muestras en cuestión evidenciaron una escala estacional que permitió distinguir variaciones ambientales. Su composición, que incluía un afloramiento notable de minerales y arcilla durante un período extenso, demostró el desgaste y la fricción de grandes extensiones de tierra, arrasadas hacia el mar.

Al comparar estos núcleos con otros internacionales, comprobaron que las alteraciones ecosistémicas se dieron de manera simultánea en varios márgenes continentales, incluyendo un ciclo hidrológico intensificado con lluvias más intensas.
El impacto en la Tierra
Las simulaciones hechas por computadora demostraron que también hubo cambios en el almacenamiento y los flujos de carbono, puesto que varios sumideros fueron destruidos, contribuyendo y amplificando el calentamiento global. Creen que en aquel entonces el incremento de temperatura fue de aproximadamente 5 grados a nivel planetario.
En cuanto a las causas del aumento abrupto de dióxido de carbono, aún no hay consenso. Sin embargo, creen que una elevada actividad volcánica, combinada con la liberación súbita de metano por la inestabilidad de los hidratos marinos, podría haber sido el disparador de la crisis.