Según las estimaciones, los montículos de desechos humanos repartidos a lo largo del monte Everest, entre el campamento de la base y el cuarto próximo a la cima, acumulan 12 toneladas cada temporada. Como parámetro, tres toneladas es lo que pesa una camioneta mediana. 

Explican que la invasión de turistas ha empeorado la situación en el último tiempo y que, si bien se hacen limpiezas regularmente, las autoridades están empezando a exigir a los alpinistas recoger sus heces en bolsas biodegradables, para luego tirarlas al retirarse del lugar.

Expertos han alertado anteriormente que los visitantes amenazan a la montaña con convertirla en un basurero a cielo abierto. Esto no sería tan trágico si sólo se limitaran a dejar sus excrementos, pero suelen dejar todo tipo de basura a su paso. 

¿Por qué el Everest?

Los expertos destacan que muchas veces los exploradores no son malintencionados y que, de hecho, suelen cavar agujeros para defecar en ellos y luego enterrar los restos. Sin embargo, al tratarse de nieve, con el viento y el recambio éstos terminan expuestos y, por tratarse de un clima helado, tampoco se degradan correctamente.

¿Cómo tratar la problemática?

Este problema no es nuevo, en el 2014 una revista científica advirtió que el espacio en el Everest se está agotando y que las bacterias coliformes fecales amenazan la cuenca del glaciar Khumbu. 

De momento no se ha dado a conocer cómo las autoridades planean aplicar la estrategia de las bolsas, ni cómo se asegurarán de que los alpinistas cumplan, pero sí salieron a la luz algunas claves, como que se compraron más de 8 mil bolsas especiales para estos fines. Las mismas están diseñadas para reducir el olor.