Expertos han notificado una reducción en el porcentaje de arena disponible para que los turistas se instalen en la playa. Explican que una franja amplia ha quedado sumergida por el oleaje, dejando menos espacio para el público.
El impacto de este fenómeno
Aclaran que en los últimos meses este escenario ha empeorado tras dos sudestadas consecutivas. Este patrón habría acelerado un proceso de erosión que viene avanzando desde hace décadas y que hoy impacta en la infraestructura costera. Dicha situación deja en evidencia la vulnerabilidad que presenta el ecosistema.
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Aseguran que este problema no sólo impacta en el turismo, sino que afecta a acantilados y dunas. Si bien el retroceso es una fenómeno natural, y un proceso que se da en todo el mundo, consideran que el aumento del nivel del mar -asociado al cambio climático-, estaría intensificando su desarrollo.

Por otro lado, la actividad humana está alterando la dinámica de la arena, interrumpiendo su circulación y profundizando un desequilibrio que impide que las playas tengan tiempo para recuperarse luego de cada temporada.
Los movimientos de las playas en la Costa Atlántica
Al respecto, explican que en Buenos Aires existe un sistema dinámico en el que la corriente transporta sedimentos de sur a norte y alimenta de forma natural a las costas. Cuando ese flujo se interrumpe, este tipo de suelo deja de reponerse al ritmo que el mar lo retira.
Los últimos estudios sugieren que la franja entre Mar del Plata y Pehuencó retrocede en promedio 50 centímetros por año. De Villa Gesell hacia Pinamar el problema es aún peor, con pérdidas de hasta dos metros anuales. Cabe destacar que estas ciudades vienen sufriendo otras pérdidas: el retiro de arena para el sector inmobiliario o, incluso, para crear nuevas playas.