El impacto ecológico derivado de la industria de alimentos para mascotas está cobrando una relevancia inédita en la agenda climática de la Unión Europea, luego de que investigaciones recientes sugirieran que estas preparaciones, sobre todo aquellas a base de productos cárnicos, generan emisiones de gases de efecto invernadero que, en muchos casos, superan la huella de carbono de una dieta humana convencional. 

Los valores de la comida canina

De hecho, un estudio de las universidades de Edimburgo y Exeter advierte que el 3,7 % de las emisiones alimentarias en el Reino Unido están vinculadas a los perros. Tras un análisis entre variedades, definieron que hay dietas que si se extendieran al resto de la población canina, el planeta no daría abasto. Al respecto, el documento asegura que elegir el pienso seco frente a opciones húmedas o crudas podría ser una solución a esta problemática. 

Esta es la primera vez que se cuestiona a nivel político el origen y composición de este tipo de comidas. Explican que la problemática radica fundamentalmente en la cadena de suministro de proteínas de origen animal, que demandaría una cantidad masiva de recursos hídricos y terrestres

La comida canina podría ser más contaminante que la humana.
La comida canina podría ser más contaminante que la humana.

Otro dato revelador es la disparidad en el uso de subproductos. Mientras que históricamente los animales de compañía consumían los excedentes de la industria alimentaria humana, la inclinación hacia las dietas “premium” o “humanizadas” incrementó la demanda de materias primas específicas, sobre todo de carne vacuna. Los expertos insisten en que es momento de que los organismos reguladores vigilen estas tendencias y que busquen fomentar alternativas más ecológicas.  

Las posibles respuestas a esta problemática

Ante este panorama, algunas empresas del sector ya han planteado comenzar a explorar otras alternativas proteicas, como los insectos o las fórmulas a base de plantas. Sin embargo, aún queda pendiente el análisis de su viabilidad nutricional. 

Consideran que la transición hacia un modelo de alimentación más sustentable también dependerá de la conciencia de los compradores y la transparencia de las etiquetas. El desafío de mitigar la huella ambiental de cada mascota canina se presenta como una prioridad para las políticas verdes de este año en Europa