Los Científicos de la Universidad de La Laguna (ULL) han descubierto una nueva combinación de materiales que permite convertir el dióxido de carbono (CO2), que es el principal gas de efecto invernadero, en metano (CH4) mediante una serie de procesos realizados a temperatura ambiente mediante radiación solar, es decir, sin consumo eléctrico.
La nueva combinación de materiales desarrollada por la Universida está formada por un fotocatalizador de óxido de titanio (TiO2) mezclado con un compuesto inorgánico que se utiliza asiduamente en otro campo de energías no contaminantes, el de las pilas de combustibles.
La relación apropiada de nanopartículas de ambos compuestos se activa mediante un tratamiento térmico especial desarrollado en la Universidad de La Laguna, dando lugar al nuevo material avanzado que realiza la conversión directa de CO2 a CH4, a temperatura ambiente mediante la radiación solar.
Además, someter este nuevo producto a altas temperaturas permite volver a utilizar directamente el metano producido en las pilas de combustible de óxidos sólidos. En otra fase, se está ya depositando el nuevo material en soportes impresos en 3D para mejorar la eficacia del proceso de fotocatálisis.
Este avance se encuadra dentro de uno de objetivos del Proyecto Nacional I+D+i, concedido en 2016, en la categoría de Retos de la Sociedad y titulado ‘Materiales Avanzados para Aplicaciones Energéticas Impresos en 3D’.
TECNOLOGÍA PARA UN PROBLEMA GLOBAL
Las emisiones de gases de efecto invernadero, en particular de CO2, contribuyen de forma inexorable al cambio climático global. El pasado mes de noviembre de 2016 se alcanzaron las 400 partes por millón de las emisiones de este gas y las previsiones no son muy prometedoras, pues en mayo de 2017 se superaron, por primera vez en la historia, las 410.
Esto ha dado lugar a que casi todas las grandes potencias económicas y demás países mundiales hayan intentado aunar esfuerzos, aplicando diferentes protocolos para reducir dichas emisiones, como el Acuerdo de París de 2015.
Este gran problema obliga necesariamente a reducir las emisiones de CO2, intentando lograr un futuro energético sostenible, que no comprometa la producción de alimentación mundial y sobre todo no perjudicando a los países en vías de desarrollo. Para ello se desarrollan nuevos materiales y nuevas tecnologías para capturar este gas, que después habría que almacenarlo, por ejemplo, en minas vacías o depósitos subterráneos, o bien, convertirlo en compuestos químicos útiles y combustibles, explican los investigadores de la Universidad.
Fuente: 20 minutos