Los registros correspondientes a 2025 revelan que la calidad del aire en la capital tuvo una transformación progresiva que se asentó año tras año, por lo que la ciudad se convirtió en uno de los ejemplos más contundentes de recuperación ante este tipo de contaminación.
El cambio en la contaminación atmosférica
Durante décadas fue una de las mayores problemáticas para Beijing: las partículas en suspensión, especialmente las PM2.5, la situaron como una de las urbes con peor calidad de aire en el mundo.
Este cambio tuvo lugar entre 2013 y 2025, cuando se dio un descenso sostenido de este contaminante clave para medir la salud atmosférica en las metrópolis.
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A raíz de los negativos números que presentó la capital china, las autoridades locales decidieron realizar una retirada progresiva de vehículos antiguos, exigir estándares de emisiones para los coches nuevos y limitar la circulación en episodios de alta contaminación a través de sistemas de matrículas pares e impares.

Como consecuencia, los datos de la Oficina Municipal de Ecología y Ambiente indicaron que la concentración de la partícula PM2.5 fue de 27 microgramos por metro cúbico en 2025, mientras que en 2013 fue de 89,5.
La el objetivo de China
Este descenso significó una reducción cercana al 98 % en poco más de doce años. Además, es la primera vez que los registros marcan que Beijing baja del umbral de los 30 microgramos anuales, cifra de referencia para los estándares nacionales.
Según la Organización Mundial de la Salud, la media anual debería ser inferior a 10 microgramos por metro cúbico, objetivo al que China parece apuntar.