Los resultados de una investigación llevada adelante por la Comunitat Valenciana muestran que el uso de sistemas de irrigación localizada disminuye drásticamente la diseminación de plaguicidas desde el agua de riego al aire y al cuerpo humano, en comparación con la pulverización tradicional.
Al evitar que los plaguicidas se transmitan a la atmósfera, se volatilicen y se arrastren por el viento, se propicia a que mejore la calidad del aire del ambiente. Desde el aire, los plaguicidas pueden diseminarse hacia otros componentes del entorno, incluyendo el cuerpo humano – donde pueden ingresar y producir potenciales consecuencias sobre la salud.
En los estudios realizados a los agricultores que usaron riego por goteo se observó un nivel 25 veces inferior del indicador de presencia del plaguicida metil-clorpirifos, una sustancia que tiene potenciales efectos sobre la función de la tiroides.
Fuente, Iagua.