Enormes depósitos de CO2 contenidos en las grandes praderas marinas pueden ser liberadas con destino a la atmósfera, como resultado del deterioro de estos ecosistemas por el cambio climático.
En el verano de 2010-2011, el oeste de Australia experimentó una ola de calor marino sin precedentes que elevó la temperatura del agua 2-4 grados Celsius por encima del promedio durante más de dos meses.
Investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) en colaboración con otros investigadores españoles y científicos de Australia, Malasia, Estados Unidos y el Reino de Arabia Saudí alertaron sobre las principales emisiones de dióxido de carbono (CO2) resultado de la pérdida de praderas marinas en Shark Bay, un área de patrimonio mundial reconocida internacionalmente y uno de los ecosistemas de pastos marinos más grandes que quedan en la Tierra.
Los investigadores inicialmente mapearon el 70 por ciento de este sitio del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2014 y encontraron una pérdida del 22 por ciento del hábitat de pastos marinos en comparación con la línea de base de 2002, equivalente a una pérdida de prados de 1.100 km2.
Los planes para futuras catástrofes podrían incluir la eliminación de detritus de hierbas marinas para prevenir las floraciones de fitoplancton y el crecimiento de algas, que consumen oxígeno en la columna de agua y atenúan la luz, si se pierden las praderas marinas, las áreas impactadas podrían restaurarse mediante la resiembra y la repoblación con tipos de pastos marinos genéticamente más resistentes.
Fuente: ecoticias