El proyecto Vicuña, ubicado en San Juan, se posiciona como la inversión minera más ambiciosa de la historia del país. Este megadesarrollo, fruto de la alianza entre la australiana BHP y la canadinse Ludin, estima desembolsar entre 12.000 y 15.000 millones de dólares en las próximas décadas para alimentar la creciente demanda de cobre, derivada de la transición energética.
Para lograrlo, planean aprovechar los beneficios fiscales del Régimen de Incentivos de Grandes Inversores (RIGI) y transformar las minas Josemaría y Filo del Sol, ricas en varios metales, entre ellos oro y plata.
Los intereses de las mineras
Cabe destacar que actualmente el proyecto se encuentra en etapa crítica de exploración para delimitar los recursos, con miras a iniciar la construcción de la planta de procesamiento y comenzar con la explotación. Esta fase preliminar se traduce en un despliegue logístico que incluye la creación de nuevas rutas y líneas de alta tensión para conectar los yacimientos con el sistema nacional.
En este contexto, el debate se centra en la propuesta de reforma de la Ley de Glaciares impulsada por el Ejecutivo nacional. Los directivos de la compañía minera han manifestado en los últimos días que están de acuerdo con la revisión de la normativa, argumentando que las provincias deberían tener mayor autonomía para determinar qué áreas quieren proteger. Sin embargo, y aunque el sector en general aboga por flexibilizar las restricciones en zonas periglaciares, desde la planta Vicuña insisten en que sus operaciones actuales no intervendrán sobre glaciares activos ni comprometerán los recursos hídricos de la región.
Los pros y los contra
La empresa sostiene que los cuerpos gélidos identificados en su concesión presentan un retroceso debido al calentamiento global y que carecen de un aporte hídrico relevante para la cuenca. Al respecto, y para reforzar su compromiso, plantean utilizar agua desalinizada y reciclar el 75 % de los recursos empleados en los procesos productivos.
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Pese a esta frase, que busca apaciguar las críticas de los sectores ambientalistas, los expertos lanzaron una advertencia sobre los riesgos de evaluar los glaciares de forma individual debido a que los impactos son acumulativos y, en muchos casos, irreversibles.