Un nuevo artículo publicado por el medio European Heart Journal advierte que la exposición a partículas finas -originarias de incendios forestales- estarían vinculadas a unos 17.000 casos de accidentes cerebrovasculares al año sólo en los Estados Unidos.
El impacto de los incendios en la salud
La investigación de la Universidad de Emory buscaba comprender cuáles son los factores de riesgo de este padecimiento -que es una de las principales causas de discapacidad y muerte en todo el mundo-. De este modo, pretendían encontrar más alternativas a las ya conocidas, como la hipertensión y la diabetes que, según ellos, no explican completamente esta tendencia.
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Para dar con estos resultados, el equipo analizó datos de unas 25 millones de personas mayores de 65 años, las cuales formaron parte del programa Medicare entre 2007 y 2018. Se trata de una cobertura básica para quienes no cuentan con seguros privados, y que cubre en la actualidad a más del 40 % de los adultos mayores del país norteamericano.

Con ayuda de inteligencia artificial pudieron encontrar una correlación entre los registros ambientales y el surgimiento de estos episodios en 2,9 millones de personas. El dato más relevante de este estudio es que, por cada aumento de un microgramo por metro cúbico de material particulado proveniente de las igniciones, el riesgo de accidente cerebrovascular aumenta un 1,3 %.
Los posibles daños para el cerebro
Este número contrasta con las partículas emitidas por el tránsito o las plantas eléctricas, a las cuales sólo se le atribuye un aumento del 0,7 %. Esta información sugiere que el humo es más dañino para el cerebro y los vasos sanguíneos que la contaminación proveniente de otras fuentes.
Detallan que el humo se caracteriza por incluir compuestos capaces de desencadenar inflamación y estrés oxidativo, lo que favorece los coágulos. Del mismo modo, indican que las emisiones sintéticas, que se dan cuando se queman estructuras hechas por el ser humano, las emisiones son aún más tóxicas. Al respecto, aseguran que no existe un “nivel seguro” de exposición, y que incluso los niveles “moderados” aumentan el riesgo.