Otra exploración en el Atlántico Sur llegó a su fin. La misión integrada por especialistas del Conicet, de la UBA y del Schmidt Ocean Institute se despidió este martes desde el buque Falkor (too), en la Cuenca de Malvinas, luego de casi un mes de haber partido del puerto de Buenos Aires.
La misión de proteger la vida marina
Esta expedición permitió recorrer los ecosistemas y registrarlos gracias al ROV SuBastian, un vehículo operado remotamente que descendió 4.500 metros. Así, se documentaron jardines de plumas de mar, cardúmenes y un arrecife de corales de varios kilómetros.
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En el cierre de la transmisión, María Emilia Bravo, investigadora principal, destacó que se trata de un hito para la ciencia argentina que permitió “llegar a ver nuestro mar de otra forma”, lo que considera “un punto de no retorno”. Afirmó que cree que habrá otra expedición, aunque aún no sabe la locación ni el momento.

La búsqueda de nuevas especies
Ahora, las muestras deberán ser analizadas durante los próximos meses, y no se descarta la posibilidad de describir nuevas especies y caracterizar ecosistemas marinos poco conocidos, como los vinculados a filtraciones naturales de gas metano.
El objetivo principal de la expedición Vida en los extremos fue conocer más a las comunidades quimiosintéticas. Éstas viven en completa oscuridad y no dependen de la fotosíntesis para subsistir, sino de las reacciones químicas que transforman compuestos inorgánicos, como el metano, en energía útil.