Hasta este 25 de marzo los casos de la enfermedad a nivel país superaban los 16 mil infectados. Según el Ministerio de Salud de la Nación, casi el 90 % correspondía a circulación autóctona y se centraba principalmente en la región centro y norte de la Argentina, incluyendo Ciudad y Provincia de Buenos Aires.
Si bien hasta esa fecha había un total de 13 fallecidos, no es una enfermedad potencialmente mortífera; de hecho, es de las denominadas “autolimitantes”, lo que significa que se pueden curar sin tratamiento médico. Esto no es así, si se trata de un re-contagio.
Una segunda infección puede significar el desarrollo de un dengue grave con posibilidad de generar hemorragias, lo que se conoce como “fiebre hemorrágica de dengue”, y se caracteriza por una sepsis tras la fase febril. Este “shock” es potencialmente letal, aunque una hospitalización temprana puede ser suficiente para sobrepasar la enfermedad.
El dengue es transmitido por el mosquito Aedes aegypti, de allí que la principal forma de prevenir la enfermedad es evitar su picadura, más aún en personas que ya contrajeron la enfermedad con anterioridad.
Para ello existen los métodos de barrera químicos como el uso de repelentes individuales, la colocación de insecticidas medioambientales en el interior de los domicilios, y físicos, como los mosquiteros en puertas y ventanas.