Se trata de un problema de largo alcance que nadie se atreve a cuantificar y que se ve agravado por la falta de medios para luchar contra ese fenómeno.

El problema afecta a toda la vida silvestre del país. A pesar de estar protegida por estrictas leyes que hasta estipulan que los animales son “sujetos de derechos”, no dejan de atraer a traficantes, científicos de dudosa reputación, amantes de las mascotas exóticas y todo tipo de imprudentes que se llevan un insecto de recuerdo. La ley es igual de estricta para todos.

 

El tráfico de vida silvestre tiene muchas caras, la peor de ellas la de traficantes profesionales con fines comerciales que causan un creciente daño por los cambios que llegan a provocar en el ecosistema. El objetivo es sacar las especies más exóticas hacia los mercados internacionales.

 

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza asegura que el tráfico de especies silvestres, sobre todo animales, ocupa el tercer lugar después del tráfico de armas y estupefacientes, y que se trata de uno de los negocios ilegales más rentables.

 

En Ecuador, de los países más biodiversos de todo el planeta y donde no hay un cálculo del alcance de este negocio, los animales más traficados son aves, reptiles y mamíferos.

 

Fuente, EFEverde